Nunca mejor citada la palabra de uno de nuestros genios contemporáneos, Gabriel García Márquez, para ilustrar con la imagen la importancia del afecto, del cariño y del amor familiar en tiempos tan violentos y convulsionados. Es recurrente la problemática de situaciones de agotamiento familiar de aquellos integrantes de la familia que eligen o les toca asumir el rol de cuidador del familiar imposibilitado, enfermo o simplemente añoso. Y en este momento, conocido en gerontología como punto de Quiebre, es recomendable acudir a equipos de profesionales que puedan ofrecernos contención y alguna solución.
Los vínculos filiales son muy fuertes porque movilizan emociones, recuerdos y vivencias de toda la vida. Cuando el hijo se encuentra en la ardua tarea de cuidar de su padre o madre (tarea difícil pero muy loable) puede presentarse un escenario no imaginado a la hora de tomar la decisión. Puede ocurrir, si este cuidado es prolongado en el tiempo, que el hijo aprenda y mejore sus técnicas y organización para el cuidado y se vaya «profesionalizando» y aferrando al rol de cuidador. Muchas veces inconciente e involuntariamente este nuevo rol va desplazando el rol de hijo/a y erosiona el vínculo afectivo. Por su parte el padre o madre va también acentuando su rol de enfermo y sus limitaciones; se vuelven al tiempo cada vez más dependientes de los cuidados propinados, a su vez más demandantes y más distantes desde el punto de vista afectivo. Esta problemática es muy recurrente y circunscribe situaciones no deseadas o que no terminan de la mejor manera, en general a saber circunstancias de agotamiento e irritación en el mejor de los casos, o destrato o mal trato en el peor de los panoramas o por supuesto hay que decirlo un cuidado exitoso en un porcentaje muy bajo de escenarios en las cuales por lo general el éxito se logra a través de una red de contención familiar y profesional en situaciones que no asume toda la responsabilidad un sólo familiar.
Ahora bien, descripta esta situación es momento de preguntarse qué solución nos podría aportar una institución. En el momento de tomar la decisión de institucionalizar a su familiar y luego de hacer una basta recorrida por los posibles lugares usted debe tener la tranquilidad de que con la decisión logrará mejorar significativamente el vínculo afectivo con su familiar; y éste no es un objetivo menor, es una meta clave para transitar sin angustias esta etapa difícil de la vida. La explicación es sencilla: El vínculo se había erosionado por la asunción de los nuevos roles de cuidador y cuidado, al descansar el cuidado en una institución de su confianza que le garantice que su familiar va a estar aseado, que la medicación será suministrada en tiempo y forma, que su familiar se alimentará de manera correcta y compartirá actividades y ocasiones de diálogo con otros residentes, usted volverá a ocupar el lugar de Hijo/a que había perdido y el tiempo compartido será para disfrutar de una salida o de momentos en el hogar pero ya no cargados de la tensión que genera la responsabilidad del cuidado. De manera que si ha encontrado un lugar que satisfaga sus necesidades y la de su familiar la decisión será un acto de amor en tiempos de cólera.