Viejísimos Institucionalizados

Viejísimos Institucionalizados

Viejísimos Institucionalizados 150 150 Lic. Lauría

Viejismos que son viejos prejuicios respecto de los viejos; e institucionalizados porque son prejuicios institucionalizados ya en las instituciones. Ejemplos de estos preconceptos que se naturalizan en las instituciones hay muchos: los viejos son abuelos, los viejos no pueden, los viejos son como niños, los viejos no quieren, los viejos no necesitan, los viejos no merecen. Pero de todos los viejismos, uno de los más perniciosos es el que disfraza al sujeto debajo de su condición de viejo. Lo que puede ser muy útil y necesario para el equipo de asistencia al respecto de conocer características, condiciones y hábitos del viejo antes de atenderlo puede volverse distorsivo si se tiñe de viejismo, si se convierte en prejuicio, si se pierde la valoración del sujeto. Todos ellos son viejos pero no son todos ellos el mismo viejo.

Durante la práctica profesional es igualmente nefasto tratar a un adulto mayor auto válido como si no lo fuera que interactuar con otro dependiente como si pudiera valerse por sí mismo. En ambos casos se erra, en los dos ejemplos se valora mal al sujeto o se actúa comandado por el prejuicio. Una de las situaciones que se repite en las instituciones es aquella en la cual los asistentes aparentemente se divierten con el residente y hacen entre ellos toda clase de bromas y alharacas y se genera una situación de “estímulo” y ambiente “ameno” a vistas del familiar. Sin embargo; tomemos nota de la sutil diferencia a señalar que lo cambia todo: si las bromas son promocionadas o manifiestamente acompañadas por el adulto mayor son bienvenidas; si reparan en su rostro y no acompaña la situación, pueden ser una falta de respeto. Hacer una broma con doble sentido a una persona sin recursos para interpretarlo es de muy mal gusto. Esta situación recurrente en instituciones (también puede ocurrir en el domicilio) se gesta al calor de un gran prejuicio: “El viejo no entiende”. Esta es una postura adoptada desde el más hondo desconocimiento de la basta capacidad de lectura e interpretación cognitiva, sensorial y gesticular del ser humano. Residentes aún presentando cuadros de demencia pueden tener recursos para interpretar situaciones y también para comunicarse. En todos los casos lo más prudente es la aproximación con respeto, con el cuidado que merece la intervención, generando un ambiente cálido pero con la conciencia de que somos un agente que irrumpe en el espacio del viejo, que vulnera su intimidad. Hemos pasado de la teoría del aislamiento a un nuevo modelo de hiperestímulo. En el camino hay alternativas de desarrollar prácticas asistenciales prudentes y respetuosas. Intervenciones concienzudas sobre la naturaleza del adulto pero también sobre nuestra propia condición de asistentes. Es fundamental la auto percepción de que podemos molestar.

La clave para desarrollar una práctica de cuidado digna reside en la valoración que hacemos del viejo, uno cuida aquello que estima. De ahí que es sumamente crucial la ponderación cultural del adulto mayor; si lo ubicamos en un lugar de referencia y respeto, la consideración que haga la sociedad toda a su respecto será mayor. Tres esferas merecen ser tenidas en cuenta por su relevancia a la hora de asistir: Intimidad, subjetividad, voluntad. En este sentido los prejuicios funcionan como un error anterior a la práctica que la condiciona. Si por prejuicio decidiéramos que un auto válido no lo es, estamos ya vulnerando su esfera de subjetividad. Si no le permitimos tomar decisiones cuando es apto para ello anulamos su voluntad. Y cuando decidimos asistirlo con la puerta abierta bajo el precepto de que no le importa o no entiende omitimos respetar su intimidad.

Para lograr una práctica cuidada y atenta a las necesidades y derechos de los residentes es necesario hacer hincapié en la capacitación de todos los integrantes del equipo de asistencia. Una acción directa que da muy buenos resultados es trabajar los prejuicios en capacitaciones internas. Para ello es necesario disponer de un espacio de encuentro periódico y coordinado, en el cual se puedan abordar éstos y tantos otros temas con un enfoque interdisciplinario. Esta práctica de capacitación programada es tangible y se pueden medir sus resultados a través del tiempo. Otro dispositivo institucional que se puede desplegar es un protocolo en el cual se detallen las normativas institucionales y se dispongan las formas de intervención para cada situación. Para que este protocolo sea eficiente al respecto de la problemática vinculada al prejuicio, es fundamental hacer una observación y descripción de los prejuicios institucionales, de qué prácticas asociadas a ellos se advierten y un plan de acción para desarticularlos. Si logramos el objetivo de brindar en las instituciones cuidados y asistencia de calidad en un ambiente en el cual se respete la subjetividad, la intimidad y la voluntad del adulto mayor será porque se habrán desterrado los viejismos institucionalizados.